Lagarto

Historia de la limpieza en España

1910 - 1920

El nacimiento del Lagarto

Lagarto, empresa familiar desde sus orígenes, hace 100 años. Ha tenido siempre a las familias como el motor que nos ha llevado a evolucionar, desde una fábrica de jabón a comienzos del siglo XX, a las modernas instalaciones que hoy garantizan la máxima calidad de nuestra amplia gama de productos.

Nuestra historia comienza, como no podía ser de otra manera, como una empresa familiar. Las familias vascas Lizariturry y Rezola, fabricantes de bujías y velas, contactan con el inventor alemán Peter Krebitz.

Sus patentes, que estaban revolucionando Europa, hacen que en España se instale una de las más modernas fábricas de jabón del Continente. El nacimiento de Jabón Lagarto se produce en San Sebastián en el año 1914.

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Fábrica de Lizariturry y Rezola,
lugar de nacimiento de Lagarto (1914)

Es interesante señalar que 3 años antes de que Peter Krebitz patente sus métodos en Estados Unidos ya se estaba fabricando Lagarto en España, comenzando así una historia en la que se han entrelazado avances tecnológicos, cuidado por la calidad y una gran preocupación por el bienestar de las familias.

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“Fabricación de jabón”; Patente de Peter Krebitz
Oficina de Patentes de EEUU; 1917

43 años antes de la creación de la Comunidad Europea ya trabajaban juntos un inventor alemán, Peter Krebitz, un ingeniero francés, Mr. Lambert, y una gran cantidad de trabajadores españoles para construir la fábrica de un jabón que estaría llamado a convertirse en un icono en España.

Tan avanzadas eran las técnicas utilizadas que los operarios, temerosos de que no funcionaran bien tantos avances tecnológicos, exclamaban en alto “¡Lagarto, Lagarto!”.

El buen funcionamiento de la maquinaria y la calidad del jabón producido, disipó cualquier duda y, como recordatorio de la anécdota, se escogió el nombre de la marca: “LAGARTO”.

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Durante la Primera Guerra Mundial se paralizaron las fábricas europeas y el jabón Lagarto se exportó a toda Europa. Su objetivo inicial de limpieza pronto se hizo más ambicioso, contribuyendo incluso a la limpieza de las heridas y evitando infecciones, algo que seguramente salvó muchas vidas.

Desde su creación en 1914, Lagarto ha jugado un papel muy importante en la salud e higiene de sus usuarios. El término higiene, proviene de Higia, la diosa de la curación en la mitología griega.

El jabón y la higiene

La higiene y los cuidados comenzaron a ser una preocupación para los estados Europeos durante el siglo XVII y, con la implantación de la Primera Revolución Industrial, se volvieron una prioridad al tener que desinfectar las fábricas y los muelles de carga. Surgió una necesidad colectiva, se pasó de ser considerado un lujo a ser una necesidad para resolver las malas condiciones de higiene.

Gracias a los experimentos y aportaciones de Luis Pasteur (1822-1895), considerado el pionero de la microbiología moderna, se desarrollaron las vacunas y antibióticos, pero sobre todo la defensa activa de la higiene como método efectivo de cura y prevención de las enfermedades contagiosas.

Las prácticas higiénicas cobraron suma importancia en las intervenciones médicas y la vida cotidiana de la población como sinónimo de salud. En la Primera Guerra Mundial lucharon unos 65,8 millones de soldados, de los cuales 8 millones murieron y 6 millones quedaron discapacitados, una tremenda tragedia. La higiene y la necesidad de disponer de jabones de calidad era una prioridad para detener la propagación de enfermedades.

Para saber más sobre el jabón, puede consultar su historia.

Un jabón de calidad superior

Para entender la importancia del jabón en aquella época es importante poner en contexto su uso. Hoy, contamos en Lagarto, con una amplia gama de productos de limpieza (lavavajillas, detergentes, suavizantes, amoníacos, lejías, fregasuelos,…) y estamos acostumbrados a utilizar cada uno de estos productos para un uso determinado. Sin embargo, hace un siglo, el jabón satisfacía todas las necesidades de limpieza.

Tradicionalmente, el jabón se realizaba en las casas empleando las grasas y los aceites usados para freír. Este jabón se utilizaba para la limpieza pero no era el producto más adecuado para determinados usos por su agresividad y falta de control.

A principios de 1900, este jabón artesanal y familiar, el jabón de la época, cuando lo había que eran pocas veces, se utilizaba para todo: para limpiar los suelos y superficies, para fregar la vajilla, para lavar la ropa frotando contra una tabla de lavar, para lavarse las manos, para bañarse,… Todas las necesidades de limpieza personal, del hogar, las industrias y los comercios eran satisfechas con jabones con poco control y calidad.

A principios de siglo, la química y la industria en general comienzan a incorporar grandes avances. La necesidad de mejorar la higiene de la población como factor clave para luchar contra las enfermedades es defendido por los intelectuales y médicos de la época, produciéndose grandes avances en estos primeros años.

Con estos avances aparece el jabón Lagarto, que proporcionó un producto multiusos de calidad superior.

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Jabon - Anuncio Prensa El Sol
EL SOL 03-03-1925

En la imagen se muestra uno de los primeros anuncios impresos del jabón Lagarto: “Pureza garantizada. Especial para el lavado de tejidos finos, sedas, puntos, encajes, franelas, etc.”. Su calidad lo hacía especialmente recomendable para la ropa delicada.

Hoy en día tenemos en Lagarto productos específicos para cada una de tus necesidades relacionadas con la colada (detergentes en polvo y líquidos, suavizantes, blanqueantes,…); pero el jabón, especialmente en su formato de escamas, sigue siendo tan eficaz con las manchas y cuidadoso con las prendas como hace cien años.

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Inmejorable para toda clase de lavados domésticos.
Especial para ropas, finas, franelas, bordados, etc

Ahorro de tiempo y dinero Conservación de la ropa